Si algo caracteriza, lamentablemente, a un sector de la sociedad argentina y por carácter transitivo a parte de la clase política que la representa, es la doble moral.
Por eso, es común escuchar que aquellos mismos que piden a gritos la pena de muerte son los que repudian el aborto bajo la consigna de la defensa de la vida humana, o que quienes dicen defender la libertad de prensa no se ruborizan al reivindicar los intereses de los grupos monopolizadores de la información.
La reciente ocupación de un predio en el barrio porteño de Villa Soldati, sacó a la luz un capítulo más de esta zaga de ambigüedades.
Efectivamente, en los últimos tiempos y en forma sistemática, se han producido cuestionamientos a las decisiones del Poder Ejecutivo, siempre bajo la excusa de una supuesta defensa de la institucionalidad, tal como ocurrió con el desplazamiento del ex director del Banco Central, entre otros numerosos ejemplos.
Sin embargo, los dueños de esas voces “institucionalistas” ahora parecen ignorar que el Mercosur es una de las principales instituciones de este concepto superador de los límites y accidentes geográficos que separan nuestros estados, que es la Nación Suramericana.
De allí que mientras insisten en autoproclamarse respetuosos y preocupados por las instituciones, no cesan con sus reclamos xenófobos para que se “cierren” las fronteras y se expulse a los inmigrantes latinoamericanos…simplemente por eso, porque en sus discursos, una vez más, aflora perversa e impune la doble moral.
martes, 14 de diciembre de 2010
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