Ayer, en el Día Nacional por la Memoria, en esa fecha escogida para recordar la caída de un gobierno democrático a manos de un nuevo golpe de estado, el más cruel y sangriento dentro de una historia argentina plagada de accesos militares al poder, volvieron a sonar y repetirse aquellas voces que reivindican lo ocurrido, o lo niegan, o en los más leves pero igualmente repudiables casos, acuden a la minimización de los hechos, siempre con la clara y premeditada voluntad de obstruir y desvirtuar la búsqueda de la verdad y la justicia, acaso porque hayan sido parte de esa clase política y de esa minúscula porción de la sociedad civil, que operaron como sus dilectos socios y cómplices.
Es así que en algunas “tradicionales” mesas familiares, en ciertas charlas de distinguidas confiterías y, lo que es peor aún, en puntuales y previsibles medios de comunicación, repican ciertas frases que se erigen en afrentas al dolor y la incertidumbre, como a la esperanza de justicia que busca mitigarlos… “no fueron treinta mil los desaparecidos”, “murió gente de ambos bandos”, “fue una guerra”, “de alguna manera había que frenar a los subversivos”, “basta de mirar al pasado en vez de pensar en el futuro”, “están fomentando los odios y rencores”, “el gobierno monopoliza el tema de los derechos humanos”… que absurdas afirmaciones y excusas, como si no fuera igual de aberrante un desaparecido, que mil o cien mil, como si “terrorismo de estado” y “guerra” fuesen sinónimos y los supuestos “bandos” las fuerzas armadas y esos miles de argentinos con muchos más ideales que armas, como si propugnar el olvido no fuera tratar de monopolizar la memoria….
Y esas voces imponen preguntarse si aquella sangre derramada por una generación que luchó y hasta perdió su vida por el sueño de un país mejor, que intentó resistir los modelos de dominación y sometimiento diagramados en el “país del norte” para toda Latinoamérica, que defendió a ultranza la bandera de sus ideas cuando tanto más cómodo y seguro era callar, fue en vano…
Pero la respuesta es NO…. porque las multitudes que ayer se dieron cita durante toda la jornada en cada rincón del país para evocar la memoria de nuestros muertos y desaparecidos, para repudiar una vergonzosa parte de nuestra historia, para reclamar que se siga investigando, que se continúe juzgando a los responsables de los crímenes cometidos durante la dictadura, que los condenados cumplan las sentencias, que se siga trabajando en la búsqueda de los nietos apropiados, demuestran que aquella lucha no fue estéril….que al fin y al cabo valió la pena.
Seguirá una minoría tratando de disfrazar la historia, de intentar inducir una perversa amnesia, de resistir el más que nunca inexorable alcance de la justicia, de plebiscitar el dolor… pero no van a poder, porque un pueblo maduro necesita conocer los horrores de su pasado para hacer justicia en el presente y evitar que se repitan en un futuro, porque mal puede darse vuelta una página cuya lectura está inconclusa, porque no entraremos en el juego de los promotores del olvido…. y porque a diferencia de quienes pretenden explicar lo inexplicable y justificar lo injustificable, no fuimos ni seremos socios del terrorismo de estado y, menos aún, cómplices de su impunidad.
jueves, 25 de marzo de 2010
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